PUNTO DE VISTA

El Populismo, mal endémico en Latinoamérica

El Populismo, mal endémico en Latinoamérica
lunes 19 de septiembre de 2022

El mal que aqueja políticamente a América latina es el populismo. Este no es un producto de lo que llaman “izquierda”, tendencia con ideas provenientes de otro siglo, desfasada, probadamente caduca; ni tampoco el daño de una “derecha” rancia, propia del liberalismo sin freno, explotador. El populismo es un padecimiento grave del ejercicio político; que se incuba y genera en la sociedad engañada por falta de instrucción. Que no tiene como discernir entre lo agradable de oír ciertas promesas mentirosas que se dicen y la cruda realidad. El populismo se practica con diversas gradaciones.

Populistas han existido en Latinoamérica ayer, hoy y siempre; “de derecha” y “de izquierda”; sedicentes demócratas o revolucionarios. Por supuesto, Venezuela no ha escapado de ese terrible mal.

El líder populista y sus acompañantes, tiene un objetivo: capturar el Poder a como dé lugar aun sin objetivos políticos claros ni menos aún, honestos. El populismo, si es puro, llega al Poder con un mensaje de promesas que, cuando menos, no son muy factibles de cumplir. No pocas, imposibles. Una muestra de populismo aunque el líder no sea populista a tiempo completo, puede ser, decir sin pena alguna, por ejemplo, se va a construir un puente en su gobierno entre Venezuela continental y Margarita sin tener estudios sobre costos y posibilidades de factibilidad; populismo también es decir que se alcanzará nivel de desempleo cero aun sabiendo que ello no es posible por razones muy concretas de la ciencia económica; populismo e irresponsabilidad rayana en la estupidez es regalar los dineros del Estado a terceros países; bajo la mirada burlona de los mismos beneficiarios. Como aquel presidente indígena a quien el populista venezolano de turno, le donó en plena cadena de radio y televisión, un millón de dólares americanos (como quien dispone para un modesto diezmo), y acto en que por cierto, el oriundo de Bolivia, incrédulo y con sobrada razón, preguntó sorprendido, si la donación del milloncejo en cuestión, era por un sola vez o era mensual; en fin: el populismo ha sido un mal endémico de América Latina y se desplaza entre el paroxismo del discurso populachero o acto demagógico y la seriedad y hasta la solemnidad al prometer o actuar del político mentiroso, populista. Como se dice en Venezuela coloquialmente: habla con cara de tabla.

El líder populista puro, legítimo, a tiempo completo, puede aparecer con ropaje de presidente serio, formal, pero también bajo matices diversos; como, por caso, de demagogo farfullante en plaza pública. Se incluye así “el líder populista que arenga al pueblo contra el «no pueblo», anuncia el amanecer de la historia, promete el cielo en la tierra. Cuando llega al poder, micrófono en mano, decreta la verdad oficial, desquicia la economía, azuza el odio de clases, mantiene a las masas en continua movilización, desdeña los Parlamentos, manipula las elecciones, acorta las libertades” como bien asevera el mexicano Enrique Krause. Es la simple lógica de prometer y recibir sin ningún esfuerzo. ¿Y por qué interesa hoy más que nunca, identificar a los líderes y gobernantes populistas? Porque hoy día, son estos los que copan buena parte de la escena política del continente y también en algunos países de otros.

El gran público parece sorprenderse de la llegada al Poder en países de América Latina, de ciertos líderes autocalificados “de izquierda”, irreverentes en su actuación, malos gobernantes y hasta en algunos casos, cuasi ridículos en su vestimenta. Simplemente son elegidos por obra del populismo. Son los redentores ante “tanta injusticia social”; los auspiciantes de nuevos textos constitucionales; de un nuevo orden político y social. Tabaré Vásquez, “izquierdista”, en Uruguay demostró aciertos porque comprendió que regir los destinos del Estado no es tan sencillo como actuar bajo el auspicio de en populismo. Gustavo Petro, exalcalde Bogotá y ahora presidente de Colombia, está de mostrando que como que entendió hace un tiempo, que el socialismo populista es un fiasco y que no sirve para dirigir la correcta Administración del Estado. Ojalá siga sí. No se trata de redactar nuevos textos constitucionales; no se trata de reescribirlos para que cesen las injusticias sociales.  No será necesariamente mejor Chile como no lo fue Venezuela, porque tenga una nueva Constitución Nacional.

Una nueva realidad latinoamericana es posible con EDUCACION liberal, libre. Para superar las autocracias; superar la siempre potencial presencia de gobernantes incapaces, populistas y superar el hambre y rescatar la institucionalidad perdida, ocasionadas por gobiernos populistas, sean de un signo como Fujimori en Perú o Menem en Argentina o del otro, como los Kirchner, Correa, López Obrador, Lula o Rousseff, entre otros, es necesario EDUCAR sin prisa, pero sin pausa. Y eso se logra formando ciudadanos; no manteniendo habitantes, hábiles para el consumo y sin posibilidades de convertirse en generadores de riqueza. Poco o nada hay que decir de gobiernos que han roto todo molde político para clasificarles como el de Ortega de Nicaragua o el de los Castro en Cuba que, aunque ya estos últimos no están en el ejercicio visible del Poder, su impronta sigue manteniendo a Cuba como gran hacienda que nada produce.

Tal vez sea oportuno agregar, al final del presente texto que tiene mucho de introductorio al tema, que lo dicho sobre populismo debe pensarse en función de, si, como hemos señalado en otras oportunidades, la democracia autentica o democracia de ciudadanos y no la formal o tradicional que insiste en campear ante la ignorancia de la sociedad latinoamericana, termina de cuajar en los países latinoamericanos. Pero ese es otro tema.

 

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