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De la decadencia y otros males

De la decadencia y otros males
lunes 19 de septiembre de 2022

La decadencia ha sido parte del comportamiento de todo proceso que compromete el desarrollo social, político y económico por encima de los esfuerzos que las realidades evidencian. Muchos países situados alrededor del planeta, no han escapado de la decadencia que acompaña todo discurrir ocupado por la  multiplicidad natural de circunstancias, razones y condiciones que parecieran retrotraerse en su avance hacia estadios superiores de desarrollo.

Aunque mucho se ha investigado sobre las implicaciones y causales de la decadencia, siempre aparece un denominador común que podría explicar su incidencia. Si bien hay indicativos que hablan del agotamiento político, cultural o social que ocurre en el foco de procesos de desarrollo económico y social, también se ha hecho referencia a excesos de presunciones que tienden al empobrecimiento de voluntades. O de energías que dejan arrastrarse por el cansancio del mundo que se percibe de manera cíclica y viciosa. 

Una sociedad decadente

Así se dice que una sociedad decadente es víctima del enorme peso del poder que gravita en complicidad con intereses y necesidades, en provecho de su permanencia. Por eso la decadencia articula sus manifiestos en los terrenos donde el juego de la política se presenta. Siempre, articulado con la movilidad de la economía y el desahogo que experimenta la sociedad en sus maliciosos reacomodos con la dinámica político-social.

Sobran nombres de países que pudieran referirse como exacto reflejo de lo que la decadencia trae consigo. Sobre todo, desde el mismo momento en que sus gobernantes comenzaron a presumir de las capacidades y potencialidades que determinaron el crecimiento de esas naciones.

Pero también, cuando sus vicios incitados por las crudas contingencias políticas suscitadas a consecuencia de las crisis económicas que azotaron distintas realidades del siglo XX,  hizo que los gobernantes de entonces no controlaran la atrofia generada por la precariedad de la institucionalidad que se presumía en marcha.

Fue entonces cuando las estructuras políticas y jurídicas, sobre la cual se deparaba muchos de esos estados cuestionados por la decadencia en la que cayeron, comenzaron a fracturarse para abrirle paso, impúdicamente, a la inercia provocada por el impulso de una sociedad arrastrada por antivalores que afectaron lo social, cultural y hasta lo humano propiamente.

Así, iniciado el siglo XXI, la democracia, como sistema político, comenzó a verse enflaquecida y enrarecida. Más, porque debía actuar como complemento de garantías para la libertad, los derechos, la rendición de cuentas, la separación de los poderes públicos y para el Estado de Derecho y de Justicia. Y no lo hizo.

El núcleo del problema

La decadencia, cuya pesadumbre atrajo otros males identificados como causas asociadas a problemas que recayeron sobre la condición política, económica y social de nación-Estados, atascó la funcionalidad global que debió adoptarse para vencer las trabas que se interponían en la ruta al desarrollo proyectado. Sin embargo, ocurrió todo lo contrario. Muchos de esos países afectados por la decadencia, sufrieron el colapso inducido por un estancamiento económico que fue adquiriendo magnitud y aceleración. Fue razón para una parálisis política que entumeció la dinámica social que motivó a caer en condiciones impensables de resignación, atraso y humillación.

Bastaron estas circunstancias, para que algunos se vieran atrapados en situaciones de obnubilación que desató situaciones de emergencia humanitarias lo cual llevó a que comenzara a hablarse de una “decadencia sustentable” o “sostenible”.

Esto incitó migraciones de ciudadanos dispuestos a no desfallecer por la culpa deliberada de condiciones que daban cuenta de una sordera y ceguera motivadas por mampuestas conveniencias propias de la inmoralidad y perversión que pautaron decisiones. Y que arrastraron dichas realidades a la aniquilación de valores de libertad, igualdad, justicia y paz sobre los cuales se cimienta el ideario de un sistema político democrático y avanzado.

Por eso, esta disertación se ha fundamentado en la vía capaz de acuciar una reflexión necesaria que bien podría provocar un viraje hacia derroteros que comulguen con la promoción de la prosperidad y bienestar toda persona decidida a avanzar en la ruta del crecimiento y desarrollo. De ahí que ha sido tocado una de las causas más profundas de la crisis que actualmente abruma a muchos países. Así que para comprender la gravedad de la situación que han padecido, se ha tenido que hablar de la decadencia y otros males.

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