Reflexiones de un policía

¿QUO VADIS U.S.A?

¿QUO VADIS U.S.A?

Cuando has estado casi treinta años de tu vida en la policía de Seguridad de Estado  de un país que ha sido amplio en su política de inmigración, aquello de “sentir creceré la hierba bajo tus pies” se convierte en una realidad absoluta y, ese es mi caso. Venezuela fue  tradicionalmente una puerta abierta para múltiples  nacionalidades que acudieron a ella en busca de refugio y, en casi todos los casos, aquellos que fueron aceptados, contribuyeron  al engrandecimiento de nuestro país tanto en el aspecto económico por su aporte a la industria y el comercio,  y en muchos  casos  en lo cultural, por llevarnos las costumbres y forma de vivir  de países más desarrollados y antiguos que el nuestro. En resumen, la experiencia fue  buena pero lo fue, por la sencilla razón de que hubo una planificación que incluía el saber quién era cada uno de los migrantes que nos llegaban de todo el Sur, Centro América y Europa y por haber ubicado a cada grupo en los lugares que por sus características los harían más útiles, felices y productivos para ellos y para el país así, aquellos que habían vivido del campo fueron destinados a colonias agrícolas que más tarde devinieron  en verdaderos emporios de producción como por ejemplo la Colonia Agrícola de Turén y muchas otras que crecieron exponencialmente tanto en agricultura como en la cría de distintos tipos de ganado.

De Italia y otras regiones de la vieja Europa, nos llegaron hombres y mujeres duchos en la construcción y fueron ocupados en grandes desarrollos, construcción de vías de comunicación etc. Proliferaron los restaurantes y panaderías de todas las nacionalidades y Venezuela resultó altamente favorecida por su cuidadosa política de inmigración.

Resultaría no solo largo sino tedioso el enumerar acá todos los beneficios que recibimos de aquellos que nos vieron como un país próspero y bueno para su futuro,  y, solo podemos decir con orgullo,  que quienes llegaron a nuestras costas en barcos de carga y otros atravesando nuestras fronteras -como hoy lo han hecho más de cuatro millones de compatriotas atravesando las de otros países-  sin un centavo, y arrastrando con ellos una situación agobiante por las economías en crisis de sus respectivos lugares de origen unos y por razones políticas otros, hoy, con nietos y bisnietos en Venezuela, aún se aferran  a nuestra tierra sin querer salir de ella y los que lo han hecho huyendo de la dictadura  criminal que reina allí  hace más de 23 años,  sueñan en regresar algún día para ayudar a reconstruir  nuestra patria que es la de ellos. Ese, es el resultado de una buena política migratoria.

Este país,  que ahora es el mío,  porque además de abrirme sus puertas me dio la nacionalidad, es un país de inmigrantes y sus distintas razas han hecho de esta nación la más grande y poderosa del planeta pero, lo que yo como viejo policía estoy viendo en un futuro muy cercano, es un desastre social dada la increíble política de fronteras abiertas  decretada por el gobierno del señor Joe Biden  para todo aquel que quiera venir a este país en busca del sueño americano …o quién sabe qué otras cosas total y absolutamente distintas.

Están ingresando a nuestro territorio sin ninguna clase de información previa sobre ellos, miles de personas que son dejadas en cualquier esquina de cualquier ciudad con una papel que les indica que deben asistir a una cita en Corte pero, que no incluye un seguimiento de sus actividades ni de que van a vivir,   quienes mayoritariamente llegan sin un dólar en los bolsillos y que en el mejor de los casos tendrán que mendigar para poder sobrevivir, y que le costaran al contribuyente millones de dólares en cuidados médicos entre otros beneficios

No entiendo lo que puede estar privando en la mente del señor Presidente Biden para permitirlo  y peor que eso, para aupar ese desastre en el que se han convertido nuestras fronteras, sobre todo aquellas que nos separan del México de López Obrador, un enemigo jurado de Estados Unidos. No puedo entenderlo y por más que trato, siempre termino pensando mal.

Y tampoco termino de entender que es lo que piensa el señor Presidente con relación a las policías. Ha dicho en más de una oportunidad que las quiere reducir a su más mínima expresión,  no solo en cantidad de efectivos sino en capacidad de respuesta al crimen, alegando las muertes de algunos ciudadanos, sobre todo afroamericanos, por exceso en la aplicación de fuerza legal, lo cual,  a mi juicio, en un país de leyes como este,  resulta improcedente o se estaría acusando de hecho al Poder Judicial de ser benévolo y,  por ende,  cómplice de los efectivos policiales involucrados en esos crímenes. Los tiroteos y asesinatos masivos ocurridos en diversos puntos de la geografía,  se le atribuyen a la existencia de armas en poder de los ciudadanos pero, esas armas no se accionan solas y quienes las usan, cuentan entre otras ventajas con esa falta de acción policial que mantiene a las fuerzas del orden amedrentadas ante posibles consecuencias penales.

Se da el caso cierto, público y notorio que organizaciones afines al gobierno, como Black Lives Matter, por mencionar solo una, pagan las fianzas de delincuentes de todo tipo cuando estos realizan sus fechorías enarbolando banderas raciales, por ejemplo.

Escuché  a Biden en un giro de 180 grados, anunciando que incrementará los presupuestos policiales,  lo que es bueno pero, no lo escucho ni a él ni a sus subalternos, ofrecer además de dinero, apoyo a los policías que,  en el cumplimiento de su deber se vean obligados a usar sus armas de reglamento y, mientras eso no ocurra, esos funcionarios tendrán que actuar con temor frente al crimen para evitar terminar en una cárcel con delincuentes a los que ellos mismos podrían haber  detenido.

Auguro para este hermoso y generoso país del norte, una ola de violencia criminal que nos va a retrotraer a los años treinta de Chicago y Nueva York, dominados a todos los niveles por las mafias italianas pero ahora, a lo largo y ancho de sus cincuenta Estados porque, a todos ellos han ido a parar quienes han resultados bendecidos por la actitud complaciente del actual gobierno.

Todas las condiciones están dadas con una inflación galopante, precios por la estratosfera para alquilar viviendas y para poder cubrir la canasta alimenticia básica, millones de trabajadores mantenidos por el Estado dedicados al dolce fare niente y casi cinco millones de ilegales entrando a este país por la libre y desapareciendo en su inmenso territorio sin suficiente personal de inmigración que pueda dedicarse a buscarlos.

Ya tenemos a las maras centroamericanas aquí y también a los “Trenes” de Venezuela haciendo der las suyas sin freno. Eso es solo el inicio. Anótenlo.

Hasta el próximo Jueves.

 

 

 

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