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Despilfarro de agua en Calabasas, suburbio de Los Ángeles

Despilfarro de agua en Calabasas, suburbio de Los Ángeles
sábado 10 de septiembre de 2022

Calabasas, uno de los exclusivos suburbios de Los Ángeles, es un oasis en medio de las montañas de Santa Mónica, cada vez más áridas. En este rincón del valle de San Fernando viven muchos famosos y millonarios.

Es también una de las zonas con las mayores restricciones de uso del agua de Estados Unidos. 

Las primeras fueron aprobadas en noviembre de 2021, ante la grave sequía que sufre California desde hace tres años y la falta de perspectivas de mejora debido al cambio climático y los efectos del fenómeno conocido como La Niña.

Y en marzo de este año, el gobernador Gavin Newson instó a las agencias que surten de agua a decenas de condados a que pusieran en marcha planes de emergencia. El objetivo: reducir el consumo estatal de agua en un 15% y el de las zonas más críticas hasta en un 35%.

Así, se ha conformado un equipo de “policías del agua” o “patrulla antidespilfarro” perteneciente al Distrito Municipal de Agua Las Vírgenes , que se encarga de identificar a los despilfarradores de agua.

Como parte de las medidas para lograrlo, este equipo patrulla las urbanizaciones cerradas y con vigilancia privada las 24 horas del día en busca de aquellos que no cumplen con las normas de ahorro. 

Las restricciones en este suburbio de mansiones valoradas entre los 4 y 10 millones de dólares, con sus piscinas, fuentes decorativas y jardines frontales y traseros, se centran sobre todo en el uso externo que se hace del agua.

Es un problema mayúsculo en este distrito que depende en un 100% del agua importada, sin ninguna fuente local de agua. Solo tienen lo que les llega del deshielo de las sierras que están a 400 millas de allí".

Para combatir el despilfarro, solo se permite regar un día a la semana —los martes para aquellos cuya dirección termina en número par y los jueves para los que acaba en impar—, antes de las 10 de la mañana o después de las 5 de la tarde. 

Y es que el riego, según calcula la agencia, constituye el 70% del uso exterior del agua.

La patrulla antidespilfarro busca también agua en las cunetas, rastros de humedad. No solo se fijan en el tono o espesor de los jardines en su caza de los infractores. Buscan también hilos de agua o cunetas con hongos.

En las urbanizaciones la patrulla cuenta con "oídos y ojos" que la apoyan: residentes que denuncian a los vecinos que violan las normas.

Los pueden reportar de forma anónima, enviando un correo o llamando al Departamento de Atención al Cliente, que luego pasa los datos a la patrulla para que investiguen más a fondo.

Es muy común. Y suelen mandar fotos o videos. Es la misma comunidad la que se vigila.

La patrulla complementa el trabajo de campo con la lectura periódica de contadores de agua.

Quienes exceden la cantidad de agua que les corresponde —calculada en función del número de habitantes de la vivienda y la extensión del terreno de la propiedad— reciben un aviso por escrito y se les coloca una etiqueta en la puerta.

Cada advertencia viene acompañada de una amonestación: 100 dólares por la primera violación, 200 por la tercera y 500 por la cuarta. Tras el quinto aviso, el distrito le reduce al derrochador la presión del agua. La agencia le instala al infractor en la toma de agua un dispositivo que limita el flujo.

El Distrito Municipal de Agua de Las Vírgenes es la única agencia de todo el estado que está usando limitadores de presión para forzar el ahorro de agua, que solo permite hacer una cosa a la vez.

Cuando el 1 de diciembre se impusieron las restricciones obligatorias, el distrito empezó a hacer una lista de infractores recurrentes. Hoy hay más de 1.600 nombres en ella. Y han colocado dispositivos para reducir la presión del agua en más de 63 viviendas.

Estas montañas no son precisamente un vergel.

Que estas noticias salgan en los medios tiene, en su opinión, un efecto positivo. 

Algunos residentes que quieren evitar las multas pero se resisten a renunciar a su jardín optan por el césped artificial como el de los minigolfs o por pintar su hierba moribunda. 

Otros han empezado a sustituir la vegetación por especies nativas que requieren menos agua. 

Cuando le hablas a la gente de jardines resistentes a la sequía, piensan en piedras y cactus. Pero hay una gran variedad de plantas que dan flores o arbustos, como la salvia o la amapola, que requieren hasta un 70% menos de agua.

La agencia aspira a que Calabasas y los demás municipios que abastece luzcan en unos años como Las Vegas, una ciudad construida en medio del desierto de Mojave, pionera del movimiento anticésped que ha ido extendiéndose en las últimas décadas por todo el oeste de EE.UU. y que considera un ejemplo de éxito.

Hoy apenas se ven jardines verdes en propiedades residenciales de la mayor urbe del estado de Nevada. Y es en parte gracias al programa de 270 millones de dólares de la Autoridad del Agua del Sur de Nevada para financiar la sustitución de 19 millones de metros cuadrados de grama por especies nativas como la caléndula del desierto.

Con ello, la agencia calcula que ha ahorrado 617.000 millones de litros, lo suficiente para satisfacer las necesidades de agua de la región durante todo el año.

Y una ley aprobada por la legislatura estatal el año pasado obliga a los dueños de propiedades que no sean viviendas unifamiliares a retirar la grama para 2026. 

Según las proyecciones del Departamento de Recursos Hídricos de California, para 2040 el estado perderá el 10% de su suministro. Para compensarlo, el gobernador propuso hace dos semanas invertir en plantas de reciclaje, almacenaje y desalinización de agua.

Ya es hora de que los californianos se den cuenta de que ese sueño de tener una casa con un jardín verde, una valla blanca, dos hijos y un perro o como quiera que sea hoy, en medio de la peor sequía del milenio, ya no tiene sentido.

 

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