REFLEXIONES DE UN POLICÍA

Con la Iglesia hemos topado, Sancho! / José Atahualpa Montes Gómez

Con la Iglesia hemos topado, Sancho! / José Atahualpa Montes Gómez

Francisco, Papa, que nada tiene que ver con su homónimo San Francisco de Asís, quien fuera un hombre tan dulce que se dice logró entenderse con los más fieros animales que se rendían a sus pies, ha  despertado la ira de los mil quinientos millones de católicos con su escandaloso silencio en relación a las cosas negras que están ocurriendo en el caótico mundo del comunismo internacional, lo que incluye a Rusia, Nicaragua y todos los países que han caído bajo la férula del totalitarismo maoísta, leninista etc., adobado  con los muchos   ingredientes que el crimen organizado ha agregado a las estupideces dialécticas de esa filosofía absurda, para convertir a naciones antes prosperas y libres en esclavas .

En efecto, a Francisco siempre le ha parecido banal eso de estar criticando a dictadores como Fidel Castro, con quien sin ningún recato compartió un confite  en más de una oportunidad, retratándose en actitud de adoratriz sosteniéndole amorosamente las manos bañadas en sangre e impartiéndole su bendición, mientras miraba por encima del hombro a Las Damas de Blanco que se quedaron con los ojos claros y sin vista esperando una reunión con el representante de Dios en la tierra,  reunión que por supuesto, jamás se llevó a cabo. Igual sucedió con “el comandante eterno”, otro de sus más esclarecidos y queridos dictadores y, sería largo continuar enumerando todos sus amoríos políticos, por lo que voy a pasar a un par de renglones más recientes, que también le corresponden al argentino que se sienta en la silla de  Pedro en Roma.

Ha callado escandalosamente Francisco, frente a lo que ocurre en Ucrania y recién ayer, después de tantos meses de asesinatos de guerra cometidos por Putin y sus soldados en el territorio libre de su vecino y de los cientos sino miles de críticas en el mundo entero, el Vaticano, que no el Papa, ha dicho que el argentino condena la agresión rusa y la califica de brutal y sanguinaria pero, cuando todo empezó, cuando las tropas rusas comenzaron a invadir ese país libre y democrático, asesinar ucranianos y a destruir hasta convertir en escombros ciudades y pueblos de esa nación, sin que mediara la más mínima provocación, cuando las bombas soviéticas caían inmisericordes sobre escuelas y hospitales asesinando niños y enfermos inocentes, y  cuando los tanques de Putin aplastaban cadáveres ucranianos, Francisco dijo, -entonces si fue el y no el Vaticano- que ambas naciones eran responsables de la invasión, colocando a invasores e invadidos a la misma altura en cuanto a responsabilidad en aquel desastre que aún perdura y lavándose las manos como Pilatos.

Miles de ucranianos y rusos han muerto en medio de esta guerra que nunca debió ser y a meses de haberse iniciado, el Vaticano, repito, y no Francisco, condenan la agresión rusa. Por Dios!!!

Si pasamos ahora a nuestra América, allí, en la parte central, en la Nicaragua de Sandino y Rubén Darío, en donde un  sátrapa y su consorte  que lo acompaña en el genocidio de su propio pueblo,  están en este mismo instante expulsando monjas hacia destinos inciertos, asesinando curas y encarcelándolos por el crimen imperdonable de ser católicos e impartir misa a su feligresía, organizando turbas que salvajemente y al mejor estilo de La noche de los cristales rotos de Hitler en los inicios de su persecución a los judíos,  han destruido Iglesias, las han incendiado  y han lanzado a las calles los símbolos del cristianismo como basura, en esa Nicaragua profundamente católica, apostólica y romana, ocurre ese atentado criminal contra la Iglesia de la cual Francisco es el Comandante en Jefe y representante de Dios en la Tierra, sin que su voz  se haya alzado furiosa como debería haber ocurrido, en defensa de sus soldados y de la feligresía que doliente e indefensa mira cómo se atenta impunemente contra todo aquello en lo que han creído siempre.

Desde que Francisco llegó a Roma, he creído y así lo he dicho en otras oportunidades públicamente, que no es más que un representante del comunismo internacional incrustado en la Iglesia católica como una espina repleta de veneno, para acabar con esa institución milenaria. El mismo hecho público y notorio de haber accedido al trono de San Pedro mediante un chantaje ejercido contra su timorato y presuntamente corrupto  antecesor, embarrado en los negocios ilícitos de la  Banca del  Vaticano, ya nos dice desde entonces la clase de pastor que tenemos en Roma y, si retrocedemos y vamos hasta sus tiempos de cura y obispo en su tierra natal, encontraríamos la raíz de su cobardía cuando permitió en algún momento la prisión de sus curas para evadir la suya.

En síntesis, Francisco el argentino continúa mostrando su rostro cómplice cada vez que le toca cumplir con su deber de pastor de todos los católicos del mundo y los deja abandonados en manos de quienes para mí, son sus cómplices. Como decía antes en el título de esta columna de hoy Jueves 1 de septiembre  del año del Señor 2022: Con la Iglesia hemos topado, Sancho.

El Hidalgo Caballero Don Quixote de la Mancha dixit!

 

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