PUNTO DE VISTA

Venezuela, qué necesitas… / César José Sánchez

Venezuela, qué necesitas… / César José Sánchez

Decíamos en anterior crónica, y según nuestra visión, que los Estados latinoamericanos necesitan: a) de una inversión económica segura, mejor si es de capital extranjero porque, generalmente, y cuando de empresas sólidas económicamente se  trata, ofrecen suficiente músculo financiero, cuyos socios y administradores, por añadidura, conocen los caminos del Comercio Internacional; y b), del signo progresista de sus gobiernos, requisito este que, muy resumidamente significa un régimen pleno de libertades dentro de marco legal que lo rige. Porque, como también hoy día se admite, sin discusión, la democracia o régimen de libertades, siempre perfectible si se trabaja en ello, es más una forma de vida que únicamente un sistema de gobierno. Por cierto, para obtenerla y vivirla los pueblos necesitan EDUCACION. 

En este orden de ideas, Venezuela precisa como todo Estado, además, de manera concreta, tomar en cuenta ciertas exigencias para transmitir la idea de seguridad jurídica y sobre todo un ambiente que permita superar progresivamente las carencias actuales y más sentidas de sus habitantes.

Se ha superado ya la época del control sobre la paridad cambiaria al cual, en economía, se entra fácil, pero se sale con dificultad y con sacrificios por las variadas consecuencias y, además, los resabios y corruptelas que engendra la medida durante su ejercicio. Todo indica que el gobierno está comenzando a percibir que la carga ideológica del Estado, bajo cualquier prisma, no es sana y nunca beneficiosa para la economía (ni capitalismo salvaje ni socialismo marxista); el Estado y con él los Poderes Públicos, al servicio de una ideología no camina. El aparato productor sí funciona y se desarrolla cuando la economía en ejercicio, promueve la riqueza y bienestar para todos.

Por eso las etiquetas “de derecha” o “de izquierda” han comenzado a perder lustre y progresivamente vigencia. Falta por comprender que ciertos servicios públicos no son función administrativa del gobierno y que, para que el Estado los controle estratégicamente por motivos de Seguridad Nacional, basta con la inserción en el respectivo contrato de concesión de un servicio público, por ejemplo, una cláusula restrictiva para su control (Golden share) a la conveniente usanza para nosotros, del modelo gerencial institucional estadounidense que, en su proceder con las empresas envueltas en propósitos estratégicos así actúa (empresas privadas fabricantes de aeronaves de combate y aún de aviones gigantes como el Galaxy C5A o el mismo Starlifter C141; barcos de guerra de superficie aún propulsados con energía convencional -no nuclear-; vehículos terrestres de combate, material electrónico de sensible utilización, telecomunicaciones de avanzada, etc.). Simplemente destacamos las líneas inmediatamente anteriores, para señalar que para que el Estado venezolano controle las empresas de servicio público, dadas en concesión al sector privado, no es necesario que sea su propietario. El derecho público permite hacerlo sin desmedro de la inversión privada y sin menoscabo de la Seguridad Nacional.  

Volviendo propiamente a Venezuela, el tamaño de la Administración Pública por lo demás, no puede ser elefantiásico ni el ingreso a ella desordenado y sin criterios técnicos. Menos desarrollar instituciones, aún sensibles a la seguridad, sin la satisfacción de criterios de auténtica necesidad y sin estar constituidas con personal sin la suficiente capacidad para recibir, operar y reparar aparatos de tecnología avanzada. Con dinero pueden comprarse estos, pero no por ello “per se” se les puede dar mantenimiento y reparación en el país; y, optar por hacerlo en el exterior, resulta en costos muy elevados y, en definitiva, por muchas razones, inconveniente. Estos son parte, por cierto, de los intríngulis, de muchos países de la región hispanoamericana.

Todo Estado que pretende marchar con eficacia y éxito, requiere de un efectivo control público, de imprescindible presencia, para lo cual se requiere de un órgano contralor independiente del gobierno (la Contraloría General de la Republica) quien ejerce la supervisión efectiva de, en qué y cómo se gasta e invierte (egresos) la renta pública (ingresos) percibida por el Estado. El mayor porcentaje del empleo o fuerza de trabajo, corresponde al sector privado quien produce bienes y servicios y paga los impuestos; por cierto, y contrario a lo que muchos creen, en Venezuela el mayor empleador es este sector. Y el que mejor paga; con excepciones que no solo en lo personal este cronista advierte, sino que se sabe que también francos sectores de la población son sus víctimas.

Cuando el Banco Central es independiente del Poder Ejecutivo no emite moneda sin respaldo; lo que en economía se denomina masa monetaria o circulante (M o agregados monetarios). El circulante fabricado por la “maquinita” de imprimir billetes crea inflación galopante (elevación desmedida de los precios al consumidor) y consecuentemente el dinero, la moneda nacional, pierde valor. El asesoramiento económico requiere de experiencia y credenciales. No se trata de habilidad para indicar rutas tortuosas sombreadas, en definitiva, por el desuso y el fracaso.

Cuando el Estado, y no solo el nuestro, camina hacia el orden equilibrado de su economía, cuando los factores de esta se van armonizando con medidas bien estructuradas y no coyunturales, sobreviene paulatinamente, el descenso de la presión social; cuando se perfila la seguridad individual y colectiva en función de un ordenamiento bien consolidado, no sólo se ve la luz al final del túnel, sino que se sale de él.

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