A FONDO

Latinoamérica, qué necesitas / César J. Sánchez León

Latinoamérica, qué necesitas / César J. Sánchez León

Dos atributos son mencionados actualmente, con frecuencia y como imprescindibles, para buscar el bienestar de los Estados latinoamericanos. Sobre todo, en una zona heterogénea económica y políticamente como América Latina, en que se advierte la ausencia de ideas políticas constantes; efectivas para lograr el bienestar ciudadano. De una parte, está la inversión económica segura,  en especial del capital extranjero; de la otra, el signo progresista de los gobiernos, requisito este que, compendiosamente, puede entenderse como el “status quo” promovido por el Poder del Estado como actor principal y regente, dentro de un ambiente de libertad, que proporciona un grado de beneficio social y económico aceptable a los ciudadanos, seguridad jurídica y personal, mientras que gradualmente se busca abandonar el subdesarrollo. Así es,  como es oportuno dejar claro que, contrario a como lo creen los políticos, la democracia o régimen de libertades, es aceptada hoy más como una forma de vida que únicamente como un sistema de gobierno en sí.

No es mucha la inversión económica en Latinoamérica comparada con lo que fue o podría volver a ser, tal nos dice la estadística comparativa. Menos la presencia de gobiernos de signo progresista. Comencemos por decir que, casi siempre, la inversión económica segura la miden las calificadoras de riesgo como Fitch, Moody’s o Standard&Poor’s, las cuales se han convertido en un referente a escala mundial para los inversionistas. Es evidente que, dependiendo del negocio, también el estudio de mercado puede ser necesario.

En las Américas, es importante recordarlo, no todos los países de la región forman parte de la América Latina. Quince de ellos no pertenecen y en la lista se incluye a naciones como Canadá, Estados Unidos de América, o los del área caribeña como Granada, Jamaica, Antigua y Barbuda, San Vicente y Las Granadinas o Barbados, entre muchos más, con excepción de República Dominicana y Puerto Rico.

Los países latinoamericanos tienen, como es sabido, una cultura distinta a la anglosajona propia de los otros quince y esto se traduce en claros efectos que caracterizan su realidad de hoy. Por ejemplo, un signo distintivo ha sido y es la inestabilidad política de ellos. Raros son los casos de aquellos países que parecen haber tomado un camino positivo distinto al resto como Costa Rica en Centroamérica; o Uruguay en Sur América y que lucen casi que inmunes a ensayos de la política signada por la improvisación. Esta está presente en la vida política de casi todos los otros, aún recurriendo a la legitima vía electoral. Y no es un problema de izquierdas ni de derechas en vías de desuso. Más bien son situaciones generadas por la improvisación; por el ascenso al Poder sin un programa de gobierno bien estructurado y sin personas idóneas.

Una reciente encuesta conducida por una de las calificadoras de riesgo mencionadas, encontró que son muy pocos los países de la región en los que la inversión segura del capital privado extranjero tiene condiciones para el éxito. En donde la corrupción gubernamental no esté presente y en el que no se hable de este fenómeno casi común a ellos; ratificando antiguos estudios del PNUD que sugieren que es un mal “endémico” enquistado en el cuerpo social; practicado sin disimulo, sin sanción y aceptado casi como cosa normal.  

Aún y según lo dicho, el gobierno de México del presidente Andrés Manuel López Obrador, es aprobado con reservas para la inversión con un porcentaje suficiente por las calificadoras, a pesar que los requisitos de seguridad personal influyen negativamente por la agitación que produce la presencia de los carteles de la droga que con frecuencia asesinan personas, entre ellos periodistas; o las zonas y cuotas de poder ilegales reinantes en su territorio por la misma razón. En Centroamérica, a pesar de la existencia hace décadas largas del Sistema de Integración Centro Americano (SICA), y el gran esfuerzo hecho por la Unión Europea (UE) para apoyar este sistema e instituir en la región, por medio del entendimiento y progreso de la EDUCACION, los efectos positivos menguan. Destaca, como dijimos, Costa Rica a pesar de que todavía en el país está presente la corrupción en las encuestas. También Panamá con ciertas peculiaridades.

En El Salvador el presidente Nayib Armando Bukele Ortez, de solo 44 años, hace esfuerzos para cambiar el rumbo político formado por un bipartidismo vicioso y acabar con las bandas delincuentes que azotaban al país. Bukele, por cierto, cuenta con un 89% de aceptación en una reciente encuesta entre los políticos latinoamericanos y publicada en los medios de radio y televisión. Contrariamente, constituye fea verruga la autocracia de Daniel Ortega y su esposa Rosario en Nicaragua, absolutamente personalista, carente de alguna doctrina, ética política y plan de gobierno. En Honduras el ejercicio presidencial de Xiomara Castro, de 63 años, esposa de ex presidente José Manuel Zelaya depuesto hace 12 años, cuando intentó modificar la Constitución para permanecer en el poder e impedir la alternabilidad del gobierno, trata de organizar el Estado.  

En Suramérica, con la excepción de los gobiernos de Uruguay, Paraguay y Brasil se ha abierto un compás de espera para la inversión segura del sector privado, ante el triunfo de Gabriel Boric Font en Chile; la ambivalente y errática gestión del peruano Pedro Castillo y el triunfo en Colombia de Gustavo Petro. Otros países no cuentan mientras no se caractericen sus gobiernos por ser definitivamente de signo progresista luego racionalmente seguros para invertir. Tal vez un poco al margen de estos comentarios, pero como situación fácilmente observable e incidental, aparece Venezuela en una situación de diálogo sostenido con el gobierno estadounidense, ante la urgencia de este país y la Unión Europea de obtener petróleo. En breve tiempo las relaciones entre los gobiernos, venezolano y estadounidense, han comenzado a dar un giro hacia un cambio de posiciones evidente que tiene su génesis – todo lo indica - en la situación con efectos económicos mundiales generada por la guerra ruso-ucraniana.

Dentro de nuestra visión, con este panorama, con ausencia de inversión económica privada segura y ausencia de progresismo gubernamental, no es mucho lo que hay que esperar en Latinoamérica según el tema abordado. Por ahora...

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